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El alpinista alemán Ralf Dujmovits relata su intento a la cima del Everest sin oxígeno
   24.05.2012 - FOTO Y TEXTO: desnivel.com



El alpinista alemán Ralf Dujmovits relata su intento a la cima del Everest sin oxígeno. Este catorceochomilista, el 16º de los 29º que lo han conseguido, quería repetir el techo del mundo escalando sin oxígeno. O no escalarlo. Su relato, que reproducimos, es un ejemplo de alpinismo de gran categoría.

Ya lo intentó en 2010 por el lado norte cuando lo consiguió su pareja, Gerlinde Kaltenbrunner, pero haciendo gala de la razón decidió permanecer en la tienda al no encontrarse en óptimas condiciones. En esta ocasión, su relato, además de reflejar sus emociones en el sin duda victorioso momento de su retirada, describe una de las imágenes que se le han clavado en la memoria: 200 personas subiendo en fila india por la cara del Lhotse. Como ellos dicen, la imagen de la locura.

Finalmente, Ralf fue solo al Everest y se dispuso a hacer cima el primer día de los posibles alejándose de los días de locura y oxígeno que estaban por venir, buscando también el día de mejor predicción meteorológica. No quiso que le acompañara Gerlinde, como había anticipado sólo hasta 8.000 metros. Quería hacerlo con sus fuerzas, sin repartir el peso del equipo con nadie, con la única ayuda externa de las cuerdas fijas. Este es su relato.

Da lo mejor, conserva lo mucho mejor, por Ralf Dujmovits

Los tres (Ralf Dujmovits, Gerlinde Kaltenbrunner y David Ortgler) volvimos sanos y salvos al CB durante la tarde del viernes. Gerlinde y David habían tenido éxito con el poco escalado pilar norte del Nuptse en estilo alpino y yo he prometido a Gerlinde resignarme y no volver nunca más a intentar el Everest sin oxígeno suplementario ni apoyo de sherpas.

Sin embargo todo había empezado bien. Después de meter en la mochila una tienda ligera y una colchoneta y de cruzar la traicionera Cascada del Khumbu, llegué a buena hora al C2, a las 9.30 am. Pasé el resto del día viendo amigos y echando varios sueños en el calor de mi tienda.

Al día siguiente, 16 de mayo, todo fue muy tranquilo también. Salí lo bastante pronto como para escapar del calor insoportable y logré llegar al C3 a 7.100 metros sin tener que escalar la pared del Lhotse bajo el sol machacante. Aparte de mí, sólo un equipo chileno y Ueli Steck, de Suiza, iban a intentar la cumbre el 18 de mayo, el día en que los sherpas iban a montar las cuerdas hasta la cima. A la mayoría de los demás equipos le preocupaba que los sherpas no terminaran de equipar la ruta a tiempo y retrasaron su intento al día siguiente, 19 de mayo, a pesar de que estaban pronosticados vientos más fuertes por lo que la ventana para la cima era menos buena. Estaban preocupados de que los sherpas no terminaran de arreglar la cresta de la cumbre. Cuando escalas sin oxígeno –Ueli y yo éramos los únicos– necesitas las mejores condiciones posibles, las que estaban previstas para el 18 de mayo.

Salí de mi tienda a las 4 am el 17 de mayo y comencé a subir por la pared del Lhotse. Tuve una suerte increíble. Como una media hora más tarde, un enorme bloque de hielo se precipitó en picado desde arriba, sepultando gran parte del C3. Dos sherpas que se cruzaron en su camino sufrieron heridas graves y 17 tiendas de campaña vacías fueron destruidas por completo. En una de ellas había estado durmiendo sólo unos momentos antes. Ueli Steck había decidido alcanzar el Collado Sur directamente desde el campo II y no utilizar su tienda del C3. La avalancha de hielo también destruyó su tienda, y no quiero ni pensar qué habría sucedido si hubiera dormido allí.

Desde lejos vi a los sherpas de camino hacia el Balcón, una repisa en la cresta sureste a unos 8.500 m. Cuando llegué al Collado Sur, me di cuenta de que subir los 850 metros de desnivel con una mochila pesada –tienda de campaña, colchoneta, saco de dormir, hornillo, comida, chaqueta de plumón y guantes, así como otros pantalones Primaloft– realmente me había dejado agotado. Mi deseo de subir la montaña por mí mismo y con mis fuerzas (salvo utilizar las cuerdas fijas) me había vaciado la energía. A pesar del viento, no me llevó mucho montar mi tienda de campaña, fundir un poco de nieve y hervir un poco de agua antes de que empezara a nevar en el C4, a 7.950 m. Ueli llegó a última hora de la tarde y quedamos en encontrarnos alrededor de la medianoche para salir juntos. Por el teléfono satelital, hablé con Gerlinde y David, quien me dijo que regresaban de su vivac a 7.250 m, y estaban muy contentos ya que pudieron escalar el Pilar Norte del Nuptse en estilo alpino. Todo había ido bien. Una vez más, Gerlinde me pidió que no me arriesgara demasiado y que escuchara a mi cuerpo.

Escalar el Everest en topless no merece el precio de congelarse

Mientras oía el ruido de la expedición chilena, que estaba usando oxígeno, preparándose para su intento a cumbre me di cuenta de que subir al Collado Sur me había cobrado peaje. No tenía apetito y estaba increíblemente cansado. Cuando, literalmente, el desayuno se me cayó en la cara a las 11 PM, supe lo que tenía que hacer: andar los 50 metros, a 30° bajo cero, que me separaban de la tienda de Ueli y decirle que no iría con él. Una decisión que fue tremendamente dura. Abandonar tan cerca el objetivo me llevó mucho coraje y energía. Sin embargo, la posibilidad de cometer un gran error arriba –donde has de tener total autocontrol para coordinar tus movimientos a una altitud donde el cuerpo alcanza el límite– era muy grande y podía significar acabar congelado o algo peor… y si hay algo cierto es que escalar el Everest en topless no merece tan alto precio.

Así que me metí otra vez en mi saco, más que demasiado fino, y continué con los escalofríos hasta el amanecer. Justo antes de las 6 am, el sol comenzó a dar en la tienda y la temperatura creció inmediatamente. Entré en calor un poco, hice unas pocas fotos del Collado Sur (a las 7 am vi a los primeros que llegaban al Balcón) y comencé mi descenso.

Cuando alcancé el Espolón de los Ginebrinos, la cara del Lhotse se apareció ante mis ojos y lo que presencié superó cualquier cosa que hubiera visto en mis 50 años. Unas 200 personas subían en fila india por la cara del Lhotse. La mayoría usando oxígeno suplementario desde el C2 o C3 y todos con el mismo sueño: pisar la cima del mundo, sin importar lo que costara. Entre medias, los sherpas transportaban las cargas de dus sahibs al Collado Sur. Algo rocambolesco.

Cuando estuve a su altura muchos me preguntaron. ¿Ralf, cumbre?. No, estaba demasiado cansado, respondí y continué mi descenso metido en mis pensamientos. Muchos de los que subieron en fila [la impresionante foto que tomó será publicada en la revista Desnivel del mes de junio, ya que no es facilitada para su difusión por internet] por la cara del Lhotse con oxígeno suplementario hicieron cima el 19 de mayo. Sin embargo, algunos no volvieron.

Me encontré con Gerlinde y David en el C2. Estaban muy contentos con su aventura en el Nuptse y de verme en buen estado. También habían presenciado la locura de la cara del Lhotse. Recorrimos de regreso la Comba Oeste y después la Cascada de Hielo, que parece estar cada vez más peligrosa, y llegamos al base a la hora de cenar todos contentos de estar enteros.

Mi buen amigo, el artista de cabaret Jörg Kräuter, me escribió una frase interesante: De alguna manera, es también una especie de cumbre seguir los sabios consejos de la edad y estar contento de haber dado lo mejor, pero reservar lo mucho mejor. No creo que tenga que decir nada más.

Me gustaría agradecer a mis patrocinadores del sector del montañismo –Schöffel, LOWA, GoreTex, Petz y Komperdell– que me han apoyado durante mucho tiempo (algunos más de 17 años). Mi agradecimiento especial a Nicola Roth, quien está al cuidado de la oficina. Gracias a todos.

También quisiera felicitar a Ueli Steck, el excepcional alpinista del Oberland Bernés. A sus 35 años se ha convertido en una de las pocas personas que han alcanzado la cumbre del Everest por el Collado Sur sin usar oxígeno suplementario.



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