Enviado: 2009-06-22 17:13
VI TRAVESERA INTEGRAL PICOS DE EUROPA
20-21 junio 2009 Lagos de Covadonga-Arenas de Cabrales
Memorial Alfonso Martínez
60km - 5215m+ - 6170m-
Texto: David Jiménez Merino 15º general
La carrera de los montañeros.
Llevo mucho tiempo buscando la carrera de montaña perfecta, la mas indicada a mis condiciones físicas y a mi gusto, una carrera en la que no solo influya el físico del deportista, sino que además existan otros factores determinantes como son la técnica, experiencia, resistencia mental y por supuesto el valor. Por fin, esta búsqueda a dado sus frutos y puedo decir que he corrido la carrera perfecta para un montañero.
Todo comenzaba a las 3 de mañana en los lagos de Covadonga, en la vega de enol. La niebla no podía faltar a su cita con la carrera y esta noche no podía ser distinto. Debido a las condiciones de visibilidad la salida se daba neutralizada hasta cerca de la vega la piedra donde la niebla se quedaba atrás deleitándonos la noche con una pequeña luna en el horizonte. Mas de dos centenares de luces blancas en fila india entremezcladas con las luces rojas indicativas colocadas minuciosamente por la organización, que nos garantizarían una orientación mas que suficiente mientras la oscuridad reinara en los primeros kilómetros de la prueba. A partir del refugio de Vegarredonda la carrera comenzaba un terreno vertical que practicamente no acabaría ya hasta el kilómetro 45. Se subiría hasta el collau Jou Santu seguido de un suave cresteo, que finalmente acabaría en el Boquete, punto donde comenzaría la vertiginosa bajada de mesones hasta la localidad de Caín. Este descenso complicado en condiciones normales por su desnivel y pasos arriesgados, y que en la oscuridad de la noche se complica aún mas, no deja indiferente a nadie, tanto en técnica como en vértigo por los pasos expuestos a los que hay que enfrentarse, hasta su llegada a Caín, después de bajar 1500mt de desnivel, donde se puede reponer fuerzas antes de entrar en el macizo central.
Ahora hay que enfrentarse a 2000mt positivos en la canal de Dobresengos, con una trepada de IIIº al principio de la canal, donde mejor usar las manos que los palos para poder progresar. Ni que decir tiene lo largo que se hace esta parte de la prueba, hasta la llegada a la Horcada de Caín, cruzando neveros y pedreras, hasta que el pico Urriellu se deja ver por el hermoso boquete de la horcada. Indescriptible el momento en el que la famosa figura del Naranjo ilumina nuestra mirada, dejándonos un recuerdo de esa imagen grabado en nuestra memoria, seguro imborrable, y en ese momento piensas por donde estas corriendo una carrera y asumes que el sufrimiento merece la pena y que deseas estar ahí, en el corazón de picos, rodeado de maravillosas montañas, deseo de miles de montañeros y escaladores, de aventureros, y seguro de otros tantos corredores que no pueden estar aquí, contemplando esta obra de la naturaleza, y por unos instantes tienes un momento de placer, y te dejas caer por las laderas nevadas como niños, esperando tocar la montaña cuanto antes.
La bajada al Naranjo por neveros es rápida y divertida, no exenta de riesgos pero totalmente asumibles por todos los que nos dejamos deslizar por las blancas nieves de Picos. Llegados a la base del Urriellu, reponemos fuerzas en el espléndido avituallamiento y seguimos camino, ahora subida de 450mt hasta la collada Bonita, punto mas alto de la carrera a 2382mt, tramos con cuerdas fijas, y punto mas complicado de la prueba, con un paso por un nevero muy expuesto y totalmente helado, hasta la llegada a la collada donde en la bajada volveríamos a hacer uso de las cuerdas para poder descender en los primeros metros. Entramos en el valle de las Moñetas, donde comenzamos un durísimo descenso hasta las vegas de Sotres, entrando así en el macizo oriental o de Andara.
Este pudo ser uno de los puntos mas duros de la carrera, 1100mt de desnivel positivo hasta el collado Valdominguero, sin sendero, con tramos descarnados, pedreras resbaladizas, incluso pasos con cadenas al final de la subida, donde las horas de carrera y el sol que reinaba pasaría factura a una gran cantidad de corredores dejándoles totalmente sin fuerzas para emprender la larga bajada hasta el Jitu de Escarandi, donde se encontraba el último control-avituallamiento, antes de comenzar la última parte de la prueba.
Quedaban cerca de 15 kilómetros hasta Arenas, siempre en ligero descenso, excepto una subida suave hasta la sierra Portudera, donde comenzaría la arriesgada senda Caoru, una calzada romana resbaladiza y castigadora de pies, donde las fuerzas hacían mella a la gran mayoría, y solo los que reservaron algo pudieron correr con rapidez y libertad hasta la meta, situada en Arenas de Cabrales, maravilloso pueblo totalmente volcado con la prueba, y donde un gran público existente nos esperaba para animar y felicitar por la gran carrera que habíamos tenido el placer de disfrutar, algo sin duda inolvidable para todos.
Sin ninguna duda, la mejor carrera para un montañero.
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