Categoría: Artículos
Enviado: 2008-12-15 16:43
Álvaro Pantoja cerca de los seracs del glaciar de Rateau. ¿Quién no ha soñado con laderas de nieve virgen, sin pistas, en un paisaje alpino y agreste, con desniveles agotadores, esquiando entre los seracs de un glaciar o al abrigo de empinados bosques?
¿Quién no ha soñado con La Grave?
Pueblo de La Grave a la sombre de La Meije.
Un rincón al más puro estilo alpino: La Grave es un pequeño pueblo alpino en donde todavía se conserva el ambiente de montaña que tanto echamos de menos en otros lugares de los Alpes. Está en la carretera que va de Grenoble a Briançon, a pocos kilómetros del Col du Lautaret, una vez pasada la desviación a Les Deux Alpes. No hay grandes edificios ni lujosos hoteles, pero el aire familiar impregna su oferta de alojamientos.
Un rincón para saborear los placeres de la montaña sin más aditivos que los necesarios.
Plano de los dos sectores fundamentales de La Grave.
Un único telecabina, pero un montón de descensos: El único telecabina que hay, asciende desde el pueblo a 1450 m hasta el glaciar de La Girose a 3550 m. Desde este punto accedemos a una zona de esquí sobre el glaciar, en la que nos encontramos con unas fáciles pistas verdes y azules. Pero no es esta zona la que ha hecho de La Grave un lugar de culto para el Freeride, sino los
casi 2150 m de desnivel para descender por las faldas de La Meije hasta el pueblo, sin pistas pisadas o balizadas. Auténticos itinerarios de montaña en los que nos podemos complicar tanto como queramos: desde rutas más o menos sencillas, hasta empinados corredores a los que sólo se accede mediante un rápel.

Telecabina superior.
Sólo Freeride, auténtico Freeride: El telecabina realiza dos paradas intermedias a 1800 m y a 2400 m, que nos permiten cogerlo de nuevo si no queremos descender hasta el fondo del valle. La estación superior nos deja en Les Ruillans a 3200 m, desde donde podemos enlazar con los remontes del glaciar de La Girose hasta los 3550 m.
Desde Les Ruillans podemos descender por dos vertientes diferentes separadas por una larga cresta rocosa. La brecha Pacave es el único paso que comunica ambas vertientes, cada una de las cuales tiene sus propios atractivos que pasamos a describiros:

Los carteles nos advierten en todo momento del terreno por donde nos estamos moviendo.
• Vallons de La Meije: Esta zona impresiona sólo con verla, pues nos encontramos al borde mismo de los glaciares de Rateau y La Meije.
El hielo vivo, azul verdoso, cristalino, asoma entre el blanco de la nieve reciente, y nos recuerda que estamos en terreno verdaderamente alpino. Las oscuras grietas acechan y éste no es terreno para jugar si no se tiene la suficiente experiencia o se va de la mano de algún guía local. Si nos abstenemos de recorrer estos itinerarios glaciares, podemos disfrutar de unas amplias laderas, con algunos tramos estrechos y empinados, pero en ningún momento extremos.

Alberto Pantoja en la zona superior de Vallons de La Meije.

Esquiando al pie de los glaciares.
• Vallons de Chancel: Esta vertiente nos ofrece una cara más amable, aunque sólo sea porque es algo más soleada. Pronto nos encontramos con la posibilidad de volver a la vertiente de Vallons de la Meije por la brecha Pacave. Si no es así, continuaremos descendiendo hacia el refugio Chancel, cerca del lago de Puyvacher, en el que podemos tomar un respiro con unas magníficas vistas.
Las paredes que enmarcan el lago están recorridas por estrechos y empinados corredores que es preferible estudiar desde abajo, antes de enriscarnos en alguno sin salida. Esta es una de las zonas más interesantes por la cantidad de posibles líneas que podemos trazar.

Álvaro llegando a la interesante zona del bosque de alerces.

Alrededores del lago de Puyvacher.
Para rematar estas jornadas inolvidables de Freeride,
sólo nos queda disfrutar de la tranquilidad de este acogedor pueblo, tomándonos un vino caliente en cualquiera de sus bares rurales, en los que se mezclan paisanos, alpinistas y riders.
Riders: Alberto y Álvaro Pantoja
Texto y fotos: Luis Pantoja