Categoría: Líneas Freeride
Enviado: 2009-07-31 10:30
Ahora que la nieve en nuestras montañas se retira a sus rincones más altos y escondidos, no nos resignamos a guardar los esquís. Por eso
nos hemos acercado a los Alpes franceses a disfrutar de unos días de montaña y, por supuesto, de esquí.

Álvaro y Alberto en la arista del Midi con un viento que nos obligo a extremar las precauciones. Fotos: Luis Pantoja
El valle de Chamonix es el terreno de juego perfecto para los apasionados de los deportes de montaña ya que podemos practicarlos todo el año. En este punto de encuentro de personas y “personajes” podemos cruzarnos con turistas de alto “standing” perfectamente conjuntados con sus polos y pantalones de pinzas, así como también con escaladores todavía con sus hierros colgando del arnés y sus semblantes arrugados por el Sol y el frío de las altas montañas.

El valle de Chamonix desde la Brevent.
Desde el pueblo a 1000 m de altitud, tienes que levantar mucho la mirada para contemplar la cima del Mont Blanc a 4810 m. Y entre ambos, esbeltas agujas de roca, brillantes y amenazadores glaciares, bosques de coníferas inmensas, lagos cristalinos, ... Por eso no es de extrañar que se reúnan los mejores escaladores, alpinistas, esquiadores, bikers, parapentistas, corredores de ultra-trails y demás animales (en le buen sentido de la palabra) de los deportes de montaña.

El Mont Blanc destaca con sus 4810 m.
Así que hemos cogido los juguetes de escalada y esquí con la intención de pegarnos algún descenso.
Decidimos desechar la ida inicial de descender el Mont Blanc, ya que un mayo muy cálido y seco había trasformado muchas de las laderas en placas de hielo. La ruta normal desde Grand Mulets por el Petit y el Grand Plató ya no se realizaba por el peligro de caída de seracs, y la alternativa por la arista norte del Dome de Gouter brillaba como un espejo.

Ruta de descenso por la cara norte del Mont Blanc de Tacul.
El
Mont Blanc de Tacul con sus 4250 m es uno de los satélites del techo de los Alpes y su cara norte, fácilmente accesible desde el teleférico de la Aguja del Midi, nos ofrece 650 m de desnivel. En invierno y primavera podemos continuar el descenso hasta el mismo Chamonix por el Valle Blanco y La Mer de Glace. Esta cara norte totalmente glaciar es muy cambiante de un año para otro, y aunque
la pendiente no es muy pronunciada (30º ó 40º con algún escalón de 45º ó 50º) los riesgos de aludes y caídas de seracs son importantes. En agosto de 2008 murieron 8 personas sepultadas por una avalancha, y es que en ocasiones, la ruta trazada no es la más segura.

Alud en el Dome de Gouter.
Después de confirmar la previsión de buen tiempo en la Maison de la Montagne, preparamos los bártulos para el día siguiente. Cogemos el primer telecabina que nos deposita en la afilada arista del Midi y tras avanzar encordados el tramo más expuesto,
nos calzamos los esquíes y descendemos hasta el Valle Blanco que cruzamos en un momento.

Descendiendo al Valle Blanco desde la Aguja del Midi.

Paredes de la Aguja del Midi.
En las primeras pendientes
nos echamos las tablas a la espalda ya que las rampas de nieve dura nos impiden progresar con ellas. Vamos ascendiendo a medida que el fuerte viento deja paso a un amenazante cielo que se va encapotando por el nordeste. Esto nos recuerda al año pasado en esta misma montaña cuando, en contra de toda previsión, el tiempo empeoró súbitamente y nos regaló una nevadita que nos hizo correr en la bajada.

Ascendiendo la cara norte del Tacul.

Hasta 50º en algunos escalones del Tacul.
Temiendo las mismas consecuencias, nos damos prisa en ascender las últimas rampas y llegamos al hombro donde se dividen la ruta al Mont Maudit, que ya está entre las nubes, y al Tacul. Aunque las nubes no son espesas, empiezan a caer algunos copos y
decidimos no continuar por el plató hasta las rocas de la cima, ya que preferimos bajar con visibilidad.

En el hombro del Tacul, con el Maudit ya encapotado.

Las pendientes heladas no permitían muchas alegrías.
Nos desencordamos y preparamos con rapidez, aunque el tiempo parece que va mejorando.
El comienzo del descenso es la parte más complicada y expuesta: es una rampa helada de unos 45º que rodea un serac, bajo la cual el glaciar se precipita abruptamente. No te puedes caer, así que, piolet en mano por si acaso, descendemos con prudencia por las huellas de subida que son la única zona en donde los cantos pueden agarrar algo.

Primeros virajes entre los seracs.

Uno de los escalones empinados.
Superada la parte más difícil, podemos enlazar unos cuantos virajes en una nieve polvo compacta, siempre con la vista puesta en las posibles grietas. Algo más abajo nos encontramos con otra zona parecida a la primera pero sin tanta exposición, en la que volvemos a pasar de uno en uno. Parece que el tiempo se ha estabilizado y no tendremos que correr como la última vez.

Girando en corto en los tramos iniciales.

Las placas de hielo han dado paso a la nieve dura.
Otra zona para dejar correr a los esquíes nos lleva al último paso complicado, justo por encima de las últimas rampas antes del plató.
Reagruparnos justo encima de esta zona nos permite saborear el paisaje y disfrutar de las vistas a la Aguja Verte, a Les Droites, al Dome de Gouter, y a tantos picos conocidos y por conocer.

Por fin nieve buena entre estos preciosos seracs con el pueblo al fondo.

Ambiente de alta montaña.
En esta parte final saboreamos cada uno de los giros que por fin pueden ser un poco más amplios y rápidos. Aprovechamos las últimas rampas para lanzarnos rectos y atravesar con el impulso, todo lo que podamos del plató.

El plató ya está cerca.

Las últimas rampas antes del plató.
Paramos, comemos y nos encordamos mientras miramos esa cara norte del Mont Blanc que dejamos pendiente para el próximo invierno. Y es que
aunque yo ya la esquié un par de veces allá por la década de los 80, hacer estas actividades con mis hijos, me hace rejuvenecer.

Álvaro y Alberto Pantoja en Chamonix.
Equipo Vertic-Norrona.
www.verticoutdoor.com
www.norrona.no